“MUJER
MODERNA Vs. HOMBRE ANTIGUO”
Muchas
mujeres salieron de la cueva y muchos hombres no han entrado a ella.
Durante muchos
millones de años (cuatro y medio, por lo menos) el hombre salió en
la mañana a buscar le comida y regresó en la noche, o días más
tarde. El hombre era
medido por el tamaño de la presa que traía a la casa.
Mientras la mujer se pasó todos esos millones de años
esperando al hombre que volviera y ocupándose de la casa, la cría y
la recolección.
Hace
menos de medio siglo, por la evolución natural de la sociedad, la
mujer puede y en algunos casos se ve obligada a salir de la casa para
traer la presa a la casa. Ya hacía tiempo que la presa no era un animal, sino dinero.
El dinero se consigue trabajando, haciendo trabajos que las
mujeres pueden desarrollar.
La
controversia inicia cuando las mujeres salen y dejan parte de sus
quehaceres domésticos. Ya no puede realizar todas las tareas y los hombres estamos
programados genéticamente para ver a la mujer haciendo esos trabajos
y hasta pensamos que dedicarnos a ellos nos quita hombría.
La
sociedad evolucionó, con ella el sexo femenino... las mujeres son un
gran aporte a lo que hoy es la convivencia moderna.
Pero muchos hombres aún no han entrado a la casa.
O sea, que estamos un poco retrasados en la evolución.
Si
la mujer salió de la cueva para poder aportar al ingreso del hogar,
entonces el hombre tendrá que entrar a la casa para que la familia no
se desmorone. Podemos
delegar tareas en las personas que nos ayudan, pero hay cosas que no
se deben delegar, como la formación de los hijos, iniciando por los
valores que queremos inculcarles.
Muchos
hombres no terminamos de entender nuestra nueva función; ya dije cómo
éramos medidos en la prehistoria, luego llegó el feudalismo y la
medida se hacía por la cantidad de tierra.
Pasó esa época y comenzamos a ser medidos por la cantidad de
bienes. Pero lo más
interesante es lo que está pasando en la sociedad que vivimos, ya el
hombre no se debe medir, ahora de mide la familia. Y esa es la parte
de la evolución que debe llegar a los dos géneros.
La
mujer se queja de que el hombre no entra a la casa, de que no aporta
haciendo parte de lo que antiguamente hacía la mujer.
Pero sigue eligiendo el hombre por el tamaño de la presa que
traiga a la casa. Sigue eligiendo por su programación genética.
El
hombre quiere una mujer moderna, que ayude en el sustento y progreso
del hogar; pero sigue eligiendo la mujer para que se ocupe de la
cueva.
¡Qué
paradoja!
Mi
sugerencia es que abandonemos inmediatamente nuestra programación genética
y comencemos a prepararnos para vivir en el mundo que hemos formado y
que no volverá atrás.
Resumiendo:
la mujer traerá parte de la presa, nos mediremos por lo que los dos
aportamos, pero para eso tenemos que los hombres entrar a la cueva a
tomar parte de las responsabilidades y las mujeres podrán elegir un
hombre que gane menos que ellas, que no vivan en una competencia de
creer que mejor es el que pueda aportar más a las finanzas del hogar.
Las tareas deben ser repartidas, así como se reparten las
entradas.
Quisiera
que un día nuestra lengua ya no tenga diferencias de géneros, como
es en el “aimara” una de las lenguas de Bolivia y Perú.
Así tampoco podremos tener diferencias de roles.
Somos diferentes, excelentes para ser complementarios... pero
no para ser decantados.
© Ing. Diego A. Sosa. Escritor,
Conferencista, Consultor, Coach y Facilitador de Empresas y
Profesionales. Owner Mercurio Entrenamiento y Consultorías S. A.
e-mail: Diego@DiegoSosa.info
WEB: www.DiegoSosa.info
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